En Marruecos…

Un poeta lo dijo un día « Marruecos, es la puerta expuesta al ensueño». Entre todos los ensueños refinados que se pierden cada día más en un mundo deshumanizado, donde no cabe gozar del tiempo de vivir o de soñar. Sin embargo estos sueños no son inalcanzables. Muy al contrario, están tan cerca y tan cautivadores :esos jardines donde la exuberancia constituye ya un pequeño oasis del paraíso, esos encajes de estuco que representan mudas sinfonías de una invitacion al viaje y a sus misterios, esas celosías (moucharabiehs) detrás de las cualas la penumbra decae en los almocárabes de los pasillos furtivos donde imaginamos el dulce roce de las sederías de Oriente.

Tambíen esas notas desgranadas en las cuerdas de un laúd que arrastra sus esperanzas y sus emociones reprimidas. Por fin, estos susurros de agua que dan la impresión de surgir de un surtidor bordado de "zelliges", para recordar la languidez del tiempo que pasa, esta disponibilidad para acoger presente en todo el pueblo abigarrado, lleno de alegría, alegría de vivir, de dar y de recibir.

Así es el Marruecos íntimo, el país de las emociones y de los sentimientos siempre atizados por el contacto con los demás ¿ Nada que ver con las avenidas impersonales de las metrópolis de Occidente. No. Es más bien otra cosa. Una alquimia cotidiana cambiante, la de una vida caracterizada por un ritmo jadeante, desordenada aun, callejuelas estrechas y tortuosas ; un movimien, to de muchedumbres muy atareadas marcadas por el dinamismo de una sociedad en marcha ; un ramillete de ruidos, de sabores, de olores y de colores que les aprietan y aturden los sentidos. Si Vd sigue su escapada, ¿que es lo que encontrará tambíen? Muretes de tierra ciñendo más o menos bien un palmeral erguido, en pie, y formando una pantalla ante un horizonte que creemos sin fin ;  o más bien una casbah tan altanera a pesar del peso de los años, flotando en el aire, aun cuando ha surgido del suelo ocre, marcado por el sello de lo inmemorial ; sin olvidar la inmensidad de los espacios hechos de montañas y de llanuras, de tierras desérticas hasta lo infinito cuyos límites son sólo por el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo.

Así  es el Reino del sueño, anfitrión de sus visitantes, Reino de los mil reinos. Se entrega de buen grado a aquel que tome la pena de amarle. Pero lo hace con toques sucesivos acumulando las impresiones y los recuerdos en un fuerte abrazo púdico que aguza los sentidos. De Tanger y Fez al Gran Sur, de Marrakech a Agadir, de las olas perezosas del Mediterráneo a las dunas de arena de las comarcas meridionales, no encontramos a un Marruecos sino a diez, veinte, mil Marruecos quizá, cada uno afianzado en sus tradiciones, en su modo de vivir y en su identidad.La oferta turistíca es multiforme, polifónica también, como una trenza infinita de contrastes, de olores, de paisajes naturales, de sitos y de descubrimiento que le otorgan su relieve y su alma.

Trozo del libro
Le Tourisme Marocain, l’Eternel Espoir
(El Turismo Marroquí, la Eterna Esperanza)
De Abdelhadi Alami

A Fes…

Ciudad de las mil y una noches, capital espiritual y cultural de Marruecos, patrimonio universal, fue fundada en 789 por Idriss Primero sobre la ribera derecha , en ella se instalan refugiados políticos andalusíes, árabes y judíos, artesanos, mercaderes ricos, cultos. Las dinastías se suceden y dejan suntuosos palacios, mezquitas, jardines y medersas.

Fes es tambíen  un destino imperial, hoteles de lujo,golfs,restaurantes,estaciones termales, animación y espectáculos,Festival de Fes de las Músicas Sagradas del Mundo.